LA HOTELERIA Y 120 AÑOS DE HISTORIA EN PICHILEMU
UD. SABE… que el precursor de la “hotelería” en Pichilemu fue don Felipe Gaete a mediados del siglo pasado.
En efecto, consta en la matrícula de establecimientos y profesionales que debían tomar patente en el departamento de San Fernando --como lo estipulaba la ley, entonces — y cuya publicación aparece en los periódicos de la época, por primera vez en julio de 1868, consignando La Posada (2.a categoría) con un valor de $ 2.50 a nombre del Sr. Gaete. La ubicación del establecimiento es en los terrenos del actual “Hotel Ross”, propiedad de la sucesión Guillermo Bradley.
Sobre la calidad de este sitio balneario tengo a la mano solamente el juicio crítico de don Francisco Vidal Gormaz, quién lo conociera en septiembre de 1872, definiéndole así en su relación de viaje: “El
caserío de Pichilemu se encontraba del todo despoblado y lo constituye una ranchería de madera y de barro del peor aspecto imaginable; no obstante en la estación del verano le da vida una gran concurrencia de gente que acude a la costa para tomar baños de mar. En esa época se improvisa una posada y se asean aquellos tristes albergues de construcción desplomada, para convertirse en el Edén de la concurrencia. Según las mil inscripciones que pudimos leer en los pilares y sus mal construidas puertas, aquel triste local ha sido el vergel de muchas humanidades, el alivio de algunos, el mal de otros y el horror nuestro”.
Nada halagador Vidal Gormaz con nuestro posadero, sin embargo no menos veraz.
Años más tarde el ingeniero F. Minchón, autor del plano urbano de Pichilemu en una descripción del tipo de construcción del caserío de Pichilemu éste contaba seis casas de adobe y tejas. El resto -once- eran de construcción ligera. Muros y tabiques de fajina y barro, techos de paja, piso de tierra.
Don Felipe Gaete explota su posada hasta el año 1874, en que vende su propiedad a don José Contreras, denominada fundo rústico “San Antonio de Petrel” por la suma de $ 2.000, comprendiendo el inmueble de la “Posada de Petrel” y una superficie de 54 cuadras más o menos.
Al fallecimiento de éste, adquiere la propiedad en compra judicial don Francisco Esteban Torrealba a la sucesión de don José Contreras.
Don Francisco E. Torrealba explota la posada hasta su muerte. Su viuda la cederá en arriendo a don Amador Valderrama quien continuará al frente de la posada después de la venta de la propiedad por doña Mercedes Maturana como tutora de su hijo menor de edad, Francisco Esteban Segundo Torrealba Maturana, a don Agustín Ross Edwards en virtud del contrato de arriendo que los ligaba y que el Sr. Ross aceptó respetar (1885).
A fines de 1896, será Alfredo R. Masters y Co. quien anuncia su reapertura, ahora totalmente remodelada, incorporando nuevos servicios y comodidades. Se inicia con él una nueva era para
el hospedaje y el turismo.
En 1897 aparecerá una segunda posada, la de don Miguel Martínez, de carácter popular.
En 1902 don Evaristo Merino asume la dirección de la importante empresa hotelera “Pichilemu”, por mandato de don Agustín Ross. Actuará por espacio de 25 años en que culminará el crecimiento de la magna empresa que otorgaría un sólido prestigio a Pichilemu en el concierto turístico de la época.
Mientras tanto, en los primeros años del siglo florecían numerosas casas de pensión para atender la demanda de veraneantes. Abren sus puertas los hoteles (3.a clase) de doña lsidora Chacón, Juan de Dios
Flores, Adolfo Garcés, Manuel Benito Román, Albino Pulgar, Francisca Salas, Adelina Valenzuela, Federico Urzúa.
Luego vendrían muchos otros, de los cuales ya nos ocuparemos en otra ocasión.
A través de 120 años aproximadamente de hotelería en Pichilemu, ésta ha evolucionado notablemente; sin embargo aún falta mucho camino por recorrer. A unos ponerse a la altura de los mejores y a éstos
—los menos-- ponerse a un nivel que les permita ser atractivos en su oferta de servicios de primer orden a turistas, siempre y cuando aspiren a mantener vigente la vanguardia en el rubro hotelería.
Sí, pues las nuevas leyes respecto a la hotelería nacional, ya publicadas (26-08-87) y que se deberá cumplir, pondrá a los establecimientos del país en la categoría que corresponde, de acuerdo a la categoría que éstos opten, siempre y cuando reúnan los requisitos y servicios que exige tenga esa categoría.
Y, para muestra un pequeño botón y voz de alerta. No todos los hoteles de Santiago que se atreven decir “somos de 5 estrellas”, quedarán en esa categoría. Y éstos en este momento no alcanzan a ser más de los dedos de mi mano.
¿Viña? — No son más de tres.
¿Pichilemu? — Dejemos tema para otro artículo.
1882 a 1910 Los dueños de NINCUNLAUTA.
Adjudicación. Zañartu doña Laura y sus hijos, de la sucesión de don Francisco de Paula Echaurren. Inscripción 323, fojas 128. 4-8-1882. Compra Judicial. Rojas Lisboa Pedro, a Luis Alberto Echaurren Zañartu y otra. Inscripción 248, fojas 119. 26-4-1899. Testamento. Rojas Lisboa Pedro. Inscripción 133, fojas 41. 3-1-1910. Estos son los propietarios que fungen como dueños de la Estancia de Nincunlauta entre los años 1882 y 1910, según los protocolos legalmente válidos en nuestro país, los que se encuentran en el Conservador de Bienes Raíces de San Fernando, Catálogo en línea del Archivo Nacional.

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