Chile central. Agricultores prehispánicos, Cristina Farga H.

CUADERNOS DE HISTORIA 15 DEPARTAMENTO DE CIENCIAS HISTORICAS UNIVERSIDAD DE CHILE DICIEMBRE 1995 LOS AGRICULTORES P REHISPANICOS DEL ACONCAGUA. UNA MUESTRA DE LA HETEROGENEIDAD MAPUCHE EN EL SIGLO XVI* Cristina Farga Hernández Departamento de Ciencias Históricas Universidad de Chile INTRODUCCION La historiografía tradicional ha descrito a los mapuche prehispánicos como "un pueblo", homogéneo en su "raza, lengua y cultura", que habría ocupado el territorio comprendido desde Copiapó o Paposo a Chiloé, con insignificantes variaciones regionales, sin identidad local, apenas diferenciado ntre "caciques" y gente común, carente de dinámica y estructura 'OCiopolítica propia (Medina, 1882; Barros Arana, 1884 y en grado menor Encina, 1940). Sus trabajos consisten en la presentación de empobrecidos rasgos aislados, descritos en términos escolares, plagados de descalificativos racistas y etnocéntricos, donde "cierto grado de cultura" se habría alcanzado or las influencias "civilizadoras" provenientes del norte. Esta visión, pobre, plana, triste, ha sido algo modificada en historia por los aportes de Latcham (1909, 1910, 1927, 1928), Oyarzún (1912, 1927, 1934, 1936) • Este trabajo resume parte del trabajo de Tesis de Magíster en Historia: Etnohistoria: .. El vaUe de Aconcagua en el siglo XVI: un espacio social heterogéneo" Departamento de Ciencias Ji stóricas, Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad de Chile, 1995. Proyecto F(I DECYT 1940487. Agradezco las valiosas sugerencias de Osvaldo Silva para este artículo. 65 CUADERNOS DE HlSTORlA Estudios y Guevara (1929), pero prevalece la idea de que es posible hablar de los mapuche como una realidad homogénea en el siglo XVI. La etnohistoria, la historia indígena y la arqueología ha empezado a develar una realidad muy diferente. Para la zona central, y específicamente para la región del Aconcagua y Mapocho, se destacan los estudios de Osvaldo Silva (1978, 1982, 1984, 1985) mostrando una ocupación incaica no masiva ni prolongada sobre linajes patrilineales claramente mapuche en el área. También son de gran relevancia los aportes de Leonardo León (1983, 1985, 1986, 1989, 1991) respecto a la organización, dinámica y poderío desplegados por los lonko frente a las ocupaciones incaicas y españolas que refieren implícitamente condiciones previas que las hacían posibles. Así mismo, la revelación del grupo "picón" por Eduardo Tellez, dentro de los mal llamados promaucaes, es también significativa (1993). Desde la arqueología, los trabajos de Fernanda Falabella, M. Teresa Planella y Rubén Stheberg sobre la zona central están planteando importantes interrogantes sobre la(s) identidad(es), tradiciones y dinámicas locales en la ocupación de los valles. El presente artículo invita a explorar con mayor profundidad las particularidades regionales que con fuerza existían entre los mapuches del siglo XVI. He escogido Aconcagua, límite superior de clara ocupación mapuche, especialmente porque presenta características específicas relativas a su agricultura de riego, a la ocupación de los territorios, a la constitución y dinámica de los linajes donde existen importantes conflictos y procesos específicos de concentración del poder. Tales particularidades superan con creces sus limitaciones: el breve tiempo en que pudo ser observada y en condiciones de guerra, ocultamiento, huidas masivas y traslados forzosos que la destruyeron tempranamente, en el marco del proceso colonizador español. Así mismo, se ha excluído del análisis la influencia de otros grupos étnicos que poblaron el área: grupos cordilleranos con asentamientos estacionales, mitimaes diaguitas y colonizadores incaicos. Si bien estos últimos ejercieron presiones y transformaciones sobre los mapuche de Aconcagua y Mapocho, éstas parecen haber acelerado procesos políticos previos y propios, aunque tal elucidación debe esperar nuevos trabajos. En conciencia, ofrecemos una lectura diferente especialmente de las estructuras sociopolíticas de los agricultores mapuche del valle de Aconcagua, y en un momento histórico específico. Si este trabajo ha logrado develar particulares modos de ocupación del espacio (en tierras continuas y discontinuas), su sistema de parentesco (patrilineal, patrilocal, con matrimonio preferente de primos paralelos patrilaterales, poligínico, con tendencias a la endogamia), las jerarquías y dinámicas que se producían interna y externamente (linajes de desigual poder, alianzas matrimoniales, conflictos interétnicos, mecanismos y procesos de concentración del poder), los ejes a través de los cuales parece constituirse la identidad en la zona, y la presencia y ausencia de algunos tipos de organización social y "costumbres" descritos para todos los mapuche, podemos esperar que otros estudios regionales permitirán ir conociendo realmente la riqueza del gran grupo de habla y sustrato cultural mapuche al siglo XVI. Si 66 Cristina Farga Hernández LOS AGRICULTORES PREHJSPANICOS DEL ... un área tan pequeña corno Aconcagua ejemplifica la variabilidad de lo mapuche en la época prehispánica, debernos reflexionar renovadarnente ternas corno el de la territorialidad, los sistemas productivos, la demografía, la participación de las mujeres, los procesos de constitución y concentración del p der, la construcción de la identidad y otros, afinando nuestras aproximaciones en un trabajo necesariamente compartido. El valle de Aconcagua. Agricultura de riego, caza y recolección. El estrecho valle transversal del Aconcagua en su parte serrana, amplio y Cí'lluroso hacia la costa, se presentaba a la expedición de Valdivia corno "el mejor y más abundoso que todos los pasados" (Bibar, 1558: 50), lleno de ''mantenimientos", sin "despoblados" u otros accidentes geográficos importantes, sino corno extensos territorios agrícolas con estaciones climáticas y períodos regulares de lluvia, más "aternplados" que en España. El cambio sustand · l del paisaje, en la flora y fauna posibilitaba, junto a la presencia de regadío, un mayor y más denso poblamiento humano que el encontrado al norte _ aún al sur, sorprendiendo a los españoles la abundancia de recursos naturales, agrícolas y humanos que observaron en la zona durante el período estival, y aún cuando parte importante de la población ya la había abandonado.1 Unas veintidós acequias grandes o principales (Bibar, 1558: 50), complementadas con canales menores y diversas fuentes naturales de agua, constituían un extenso sistema de regadío que cruzaba todo el valle de Aconcagua 2. Los terrenos habrían sido destinados a los cultivos de calabazas, algodón, frejoles, ají, En las crónicas aparecen sugerentes asociaciones y disociaciones con respecto a la percepción del valle. En ocasiones, "valle de Chile" o "valle de Aconcagua" denomina claramente toda el área que comprende el curso del río -de cordillera a mar-, incorporando a la localidad de (luillota y al centro minero de Marga-Marga. Sin embargo, se habla ocasionalmente "del valle de concagua y Quillota", de "las minas de Malgamalga junto al rio grande de Chile y Quillota" (Mariño de Lobera, 1580: 54), como realidad particular, aunque la diferencia no es suficiente para trabajarlos separadamente. La distinción sería un indicio importante respecto de realidades locales diferenciables dentro del valle o al menos sujetas a dinámicas distintas. La influencia de dos caciques principales" en el valle, Michimalonko en la parte cordillerana y Tanjalonko en la costa, umihiendo ocasionalmente conductas políticas discrepantes, apoyan esta idea. Así mismo, sólo l 11 os valles de Mapocho y parte costeña de Aconcagua se asentaron grupos colonizadores c, ·cos y española, en tanto que el estrecho valle de Aconcagua cordillerano éstos parecen no u:istu; figura más bien en las crónicas como lugar de conflicto y combate. La conformación del pa!!-aje estratégicamente apto para probar diversas formas ofensivas y defensivas, su posición de · .:abeza" de otra conformación geográfica y étnica le otorgan a Aconcagua cordillerano un sello particular. e En Mapocho, hemos podido contabilizar veintiséis canales grandes, usualmente identificadas por los indígenas y/ o por los españoles, con el no􀃖bre del "cacique principal" que usufructuaba dichas aguas y territorios irrigados, sugirien o ser importantes también para la propia identidad de los linajes y su tierra (Ginés de Lillo, 16 2-1605). 67 CUADERNOS DE HISTORIA Estudios y principalmente maíz. Para la época, la agricultura se muestra altamente productiva, a juzgar por los alimentos "rescatados" por los españoles y el rendimiento de las semillas, descrito para la "provincia de Mapocho". Con recelo que se habían de rebelar los indios ... entendí a me velar muy bien y andar sobre aviso y a encerrar la comida, y metí tanta, que bastaba para nos sustentar dos años, porque había grandes sementeras, que es esta tierra fertilísima de comidas ... (Valdivia, 1545: 55 -56. Carta a H. Pizarro. También Carta a Carlos V: 15). Y con cada yndio anda vn muchacho con vna talega de frisoles, hechando en los hoyos tres y quatro granos. Y cubriendo esto se cría syn arar ni cavar, syno en los ervasales y montes y tierra delgada y quixarrales. Y cada quinze y veynte dias lo rriegan. Y al / coxer dan de vna hanega más de veynte y c;inco. Y no me alargo más, avnque bien podia. El mays quando lo syenbran en octubre, qu' es como abril en España, syenbrase en tierra enjunta algunos; y otro, en rregada de c;inco y seys dias (e-cavando?) la tierra con aquellas estacas, y otros hechando el mays en los hoyos, que seran / tres y quatro granos. Quando nac;en guardando que las aves no lo coman, y despues qu' está nacido de dos y tres hojas, está el canpo y yerva seca, que ay mucha y muy alta. Hechanle fuego, y hazese c;enic;a, y avnque mala, mas parte de las hojas del mays. Luego lo riegan, sale furioso y acude sesenta y ochenta hanegas. / Da vna hanega de cinquenta hasta c;iento. Dase mejor en monte. (Bibar, 1558: 54).3 En 1560 el "cacique" Don Alonso, residiendo en Quillota, informa que por unas 8 medidas de maíz se cosecharían ¡700! 4 y otros "caciques" dan cuenta además de algunos requerimientos de mano de obra que el cultivo exige: han sembrado el año pasado sesenta fanegas de trigo y veinte de cebada y ocho y más de cebada, maíz, y este año han sembrado cincuenta fanegas de trigo y veinte de cebada y nueve de maíz"; el año pasado se cogieron de trigo cuatrocientas hanengas, é de cebada doscientas é de maíz setecientas fanengas de maíz ... (Documentos Inéditos, T. 11, 1898: 330-331). Don Baltasar, otro "cacique", refiere que para la sementera de trigo dan 3 La descripción de Bibar, por pérdida de parte del manuscrito, se ha asociado también a los "promaucaes" y al valle de Mapocho (Hidalgo, 1972). 4 Las mazorcas del maíz podían quedar en la planta, maduras, por semanas sin dañarse, informa Amunátegui (Tomo I, 1909: 36). Ello podría explicar la ausencia de descripciones sobre su almacenaje. 68 Cristina Farga Hernández LOS A,GRJCULTORES PREHISPANICOS DEL .. seis indios y para la de maíz, en la siembra, 50 indios que se mudan cada semana, que siembran sin arado y 30 indias solteras que no se mudan, que queman la roza y cuidan siempre que no se la coman los pájaros. (En Documentos Inéditos, T. 11, 1898: 325). Entre todos los cultivos, se destaca fuertemente el maíz en el siglo XVI, sin el cual la hambruna afectaría tanto a los agricultores como a los invasores, como efectivamente ocurrió una vez que los primeros dejaron temporalmente de sembrarlo como práctica disuasiva contra los españoles, esperando apenas poder subsistir sólo con recursos recolectables. Su importancia está respaldada también arqueológicamente como ofrenda mortuoria. Tiene ovejas y mucho maíz y algarrobales. (Bibar, 1558: 50). Avian los yndios sembrado poco / tnays y no como otras vezes, con ynten<;ion que viendo los españoles que avia poco senbrado, no aguardarian a cojer las sementeras, y viendo poco bastimento pere<;erian o no permane<;erian en la tierra. Y si acaso quisiesen porfiar, que los matarían, por vna parte con el hanbre, y por la otra los apocarian con la guerra, / la qual comen<;aron a hazer muy de veras ... (Bibar, 1558: 63). La información disponible no permite reconstituir el ciclo agrícola. Sólo Valdivia informa escuetamente que desde febrero hasta abril fue época de cosechas: "las sementeras, que dende a tres meses se recogían" (1545: 55-56). Carta a H. Pizarra). En Aconcagua y Mapocho, otra fuente de subsistencia -y también de poder mágico y de prestigio- la constituyó el chilihueque, camero de la tierra, especie de llama y/ o guanaco apresado para el aprovechamiento de la carne y piel. Es posible que, por períodos cortos, se mantuvieran en cautiverio a guanacos que bajaban de la cordillera durante el veranos. Sin embargo, en Aconcagua y Mapocho, este recurso parece no haber sido abundante. En todo este tiempo fue bien tratado el ca<;ique Michimalongo, el / qual proveyo de mays y algunas ovejas. (Bibar, 1558: 58). Y en el valle del Mapocho, Para la zona y época que trabajamos, aparece el uso y trueque de la "piedra bezar", obtenida del estómago de algunos guanacos, como elemento con propiedades sanadoras. Así mismo, sitio que están siendo trabajados por arqueólogos muestran la presencia de patas de guanaco en , ari s enterratorios. (Datos más precisos deberán esperar la publicación de las jornadas del Taller d,􀀽 Arqueología de Chile Central, 3 a 7 de diciembre de 1993). 69 CUADERNOS DE HISTORIA Estudios Andan bestidos de lana. Y los pobres andan bestidos de vnas mantas hechas de cascaras de vna yerba que tengo dicho, la qual hilan y tejen. (Bibar, 1558: 50-51). Hay asimismo en la tierra muy pocos animales, sino sea en la cordillera algunos guanacos y gatos silvestres... (López de Velasco, 1574 :298). Pocos camélidos acompañaban a los agricultores y las crónicas no describen su participación en el Aconcagua y Mapocho para saldar el 'precio de novia', compensar distintas afrentas y pérdidas, o motivar malocas, como se ha descrito para grupos mapuches sureños. Variados recursos silvestres - además de maderas, arcilla, pigmentos vegetales y animales, especies medicinales y condimentos, salinas, minerales, cueros, plumas, conchas y otros bienes obtenidos en la zona o por trueque con grupos transcordilleranos- complementaban la subsistencia. Su existencia indica que se dejaban tierras sin roturar para conservar zonas como los bosques que permitirían complementar la subsistencia con actividades de caza y recolección6 . Dada la escasez de camélidos en la zona, no debe subestimarse la importancia del consumo de roedores, insectos, variadas aves y peces, moluscos, crustáceos y otros. Avnque los naturales no nos

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